Los indios Laguneros

                                                            LOS INDIOS LAGUNEROS  

Los Indios Laguneros, también llamados Irritilas (por Orozco y Berra), fueron los pobladores de las tierras comprendidas en lo que hoy conocemos como Región Lagunera (de Coahuila y de Durango), en el espacio más o menos comprendido entre Parras y Cuencamé y hacia el norte de Mapimí. Carta etnográfica de Coahuila y Texas.

Estos Indios Laguneros bien los podemos comprender entre una tribu o grupo más de los integrantes de la Árido-América, los que estuvieron considerados por los conquistadores españoles “como tribus de gentes más bárbaras y fieras del Nuevo Mundo”. Es en esta región desértica, con algunas sierras de moderada elevación, con rocas sedimentarias, donde se han encontrado algunas grietas y cavernas mortuorias (Cueva Mortuoria de La Candelaria) que es el sitio o nicho donde quedaron para el presente los restos testimoniales de aquellos nuestros Indios Laguneros, que poblaron por aquel entonces estas tierras. Esta desolada región, entrada al desierto del Bolsón de Mapimí, recibió y recibe vida gracias a que la naturaleza manda que aquí vengan a morir los caudalosos ríos Nazas y Aguanaval; el primero que nace de la Sierra de Durango y el segundo que nace de los cañones de Zacatecas. Entraban a la región con sus aguas embravecidas para irse a estancar en las partes arenosas más bajas y formar así las Lagunas de Viesca, Mayrán y de Tlahualilo, las que en algún determinado momento de la historia, según lo relatan los Jesuitas, llevaron tan fuertes crecientes a esas lagunas, que se llegó a formar una sola desde el Desierto de Paila hasta la Laguna de Tlahualilo, "para formar un solo océano al que no se le miraba fin". En las márgenes del Río Nazas y Aguanaval, se llegaron a establecer los Indios Laguneros, al igual que en los alrededores de las lagunas, lagunetas, derramaderos, esteros, charcas y ojos de agua que en estas tierras se formaban, en medio de un clima seco, de temperatura calurosa a excepción de Parras, que por lo elevado del terreno goza de un muy amable clima. El paisaje bien nos lo podemos imaginar, del semi-desierto y su agua bendita, sus álamos, sabinos, pinabetes, cañas y carrizos a las orillas del agua, y en las partes secas la lechuguilla, el sotol, el ocotillo, la candelilla, gatunos, biznaga, gobernadora, sangre de drago, cardenches, nopales, peyotes, palmas, huizaches y mezquites. La vida vibrando en los animales, venados, liebres, conejos, víboras, ardillas, tuzas, lagartijas y miles de insectos distintos y curiosos; las aves acuáticas en bandadas del atardecer y los benditos peces de distintas clases que tanto nutrieron y dieron vida a los Indios Laguneros.

                                                              LLEGAN LOS ESPAÑOLES

 En 1557 los españoles fundan Zacatecas y de ahí avanzan en caravanas de conquista hacia el norte, siempre buscando minas de oro y plata, no tierras de cultivo, y en 1563 fundan Durango, desde donde salen en todas direcciones en expediciones, capitaneadas por el joven capitán don Francisco de Ibarra, llegando a los maravillosos parajes de Peñón Blanco (por el rumbo de Cuencamé), donde establecen un convento franciscano en el año de 1566, desde donde salían a catequizar a los indios de los alrededores, y años después lo dejó asentado en sus escritos el padre franciscano Fray Pedro de Espinareda, que unos indios le habían dicho y era el saber general, que donde ese río (Nazas) moría, había una gran laguna a cuyas orillas habitaban muchas gentes; aunque nunca refiere haber llegado hasta ahí. Por otro lado, tal y como lo describe el ilustre historiador coahuilense Ing. Vito Alessio Robles, fundada Mazapil Zacatecas, la que estaba poblada por indios Cuachichiles, en cuyos territorios también se fundó Saltillo, poblaban también las orillas de la Laguna de Patos (General Cepeda), la que se encuentra distante de la famosa Laguna de Mayrán y distante también de Parras. Para darnos ya una idea más precisa y concreta de quiénes eran nuestros Indios Laguneros o Irritilas, veamos lo que textualmente dicen las primeras fuentes escritas que de ellos hablan y elocuentemente dicen. Son las llamadas Anuas Jesuitas, que eran los informes que estos sacerdotes rendían anualmente a sus superiores, y en la Anua del año 1595, refieren decididamente que no habían hecho fundaciones fijas y permanentes con los indios Irritilas de La Laguna, "por la tanta barbaridad de los naturales, que ni tienen casa ni son capaces de política alguna, baste decir de ellos que andan desnudos y que no tienen casa ni asiento determinado, ni siembran ni tienen dónde, ni comen más de lo que la tierra voluntariamente les produce de tuna, maguey, mezquite y otras yerbas y algún pescado de la laguna y río que llaman de las Nazas. Y aunque quisieran los Ministros del Evangelio vivir entre ellos, con toda incomodidad, hay otra mayor: de no estar seguros en su compañía sino con mucho peligro de que, por su antojo o por satisfacer su hambre los maten y coman…". En la Anua de 1596, refiriéndose a los Irritilas, dice: "Los indios de la Laguna, son medio peces, medio hombres, habitan en el agua y parte en tierra, pero en ninguna parte tienen habitación fuerte, no siembran ni cogen más de lo que la tierra voluntariamente les ofrece de raíces y caza, y así nunca están en un lugar determinado y cierto, sino donde les parece hallar sustento, hoy aquí, mañana acullá y para andar más desembarazados para esto, suelen matar a sus hijos supersticiosamente…" Esta misma Anua (o Annua) refiere que en ese mismo año se fundó una misión en La Laguna. Agrega que los indios son infieles y se lamenta que la tierra sea nueva, por no haber "hallado en ella los españoles intereses de minas de plata y oro, no han querido poblarla, y como en estos tiempos el celo es poco y la codicia es mucha, donde la plata abre el camino, entra el Evangelio, y donde no, apenas hay quien la lleve…” Realmente era una misión evangelizadora muy difícil y peligrosa, por todos los trabajos para la conversión de los infieles, quienes eran muy supersticiosos y creían en brujerías y en los poderes demoníacos de los animales y de algunos fenómenos geológicos. Citan en esa misma Anua cierto caso de una mujer vieja que tenía un lagarto enjaulado; preguntándole el padre que por qué lo tenía ahí le contestó: "que porque era su Dios a quien ella adoraba y temía mucho". Volvemos atrás, con el fin y objeto de seguir adelante y no dejar espacios muertos, para que el lector vaya paso a paso siguiendo los caminos que tal vez los mismos jesuitas y franciscanos fueron siguiendo para llegar a esa famosa laguna, poblada toda en sus alrededores por estos indios Laguneros o Irritilas, de quienes debemos conocer su historia y sus costumbres

 

. • Atlatl o lanza – dardos. Importante arma prehispánica que funciona como prolongación del brazo para impulsar dardos, es anterior al arco y flecha y su empleo fue casi universal

 En Durango, el Teniente de Gobernador, Martín López de Ibarra, concedió una merced de tierras a Pedro Morcillo, en el año de 1569, que estaban por la región de Cuencamé, en premio por haber sido uno de los fundadores de Durango, tierras que fueron siendo de su propiedad, todas para la crianza de ganado menor y mayor, llegando sus dominios hasta los rumbos de Parras, tal y como lo anotan por el año de 1578, propietario de tierras del Valle de los Pirineos (Parras) con todo y el río de Guadalupe. Es por esta razón, que muy acertadamente, el ingeniero Vito Alessio Robles, en los documentos estudiados por él, refiere que por esos años de 1578, se hizo la primera fundación de Parras. Para los años de 1589 se nombra la fundación de un convento en Cuencamé (La Purísima Concepción), mientras que otros historiadores lo citan para el año de 1593, año en que se descubrieron en ese lugar, unas minas de plata por el padre Fray Jerónimo de Pangua; aunque estos llamados conventos, no eran otra cosa que un modesto puesto, que más bien servía de capilla o puesto de avanzada hacia las tierras inhóspitas de La Laguna. Esto lo confirma años después (ya cuando llegaron los jesuitas y no los franciscanos), que en el año de 1594 llegó a Cuencamé el padre jesuita Francisco Ramírez, quien no dice nada de la existencia de ningún convento, sino, que en todo el pueblo solamente había una casa de adobe.

                                                       LOS JESUITAS EN LA LAGUNA

 Por los años de 1594 llegaron a estas tierras laguneras los buenos y santos padres jesuitas Francisco Ramírez y Juan Agustín de Espinoza, quienes trajeron las palabras del santo evangelio y la catequización de los indios para que abrazaran la fe de la religión, y entraran a la nueva cultura europea traída por la corona de España a estas tierras de conquista y formar una nueva cultura, la nuestra, de indios y españoles por medio de este mestizaje. El padre Francisco Ramírez llegó de Durango a Cuencamé, donde el 31 de agosto del año de 1594, escribió una carta para la Annua de ese año y que dice: “Trájonos Su Majestad a principios de agosto a este pueblo de Concueme (hoy comúnmente de Cuencamé) el cual está en un valle muy espacioso y muy ancho, coro-rudo de hermosos montes, que por estar algo lejos hacen una vista apacible, y es todo poblado de grandes frescuras que conservan siempre en su verdor unas fuentes que manan en medio, con que se cultivan las milpas”. “Tiene mucha caza y grande abundancia de dátiles muy sabrosos, mucha miel, lunas y otras frutas de los indios, que aquí son muy domésticos y afables”. “No usan arco ni flecha sino para la caza, y visten ropas que por su trabajo les dan los españoles. Son bien agestados y de gentiles talles, y los niños muy hermosos, muchos de cabello rubio, aunque las familias que hay en este pueblo apenas llegan a treinta". "Está este pueblo entre los dos ríos de las Nazas y Aguanaval: del primero sólo dista ocho leguas al oriente. Cuando vine me salieron a recibir algunos a caballo con gran comedimiento, y a la entrada del pueblo salieron todos, divididos los hombres de las mujeres: y algunos principales me ofrecieron sus dones de pescado, melones y sandías. Me hospedó en su casa, la única que había de adobes en todo el lugar, un indio tarasco, con mucha caridad, y ciertamente hubiéramos pasado sin él muchos trabajos para el sustento. Luego vino a vernos un indio de Culiacán que tiene estancia media legua de aquí, el cual nos proveyó de carne y leche algunas veces". "La pieza que me tenían para dormir hallé tan blanca y aseada que luego la hice iglesia: y cercando un patio pusimos en él muchas flores ya para brotar, y los indios cubrieron con brevedad y mucha gracia un portalico y dos aposentos. Hemos hecho un huerto y sembrado algunas legumbres para tener que comer, y lo riega un venero de agua que pasa por la puerta. Está todo arrimado a un risco hermoso tan alto y tan lleno de verdura, que convida a hacer muy largos ejercicios. Comencé luego á aprender la lengua y a traducir el catecismo y oraciones, que ya saben todos". El padre Francisco Javier Alegre, en su libro "Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva España, publica también una carta del padre Juan Agustín de Espinoza, quien vino desde Zacatecas, villa donde se había criado y quien desde allá vino, atravesando toda la sierra y los cañones de Ahuichila y de Jimulco, por los años de 1594, y dice: “El primer pueblo a que llegué de esta provincia de Zacatecas está al pie del Cerro Gordo, llamado así de los nuestros por su grandeza y altura. El cacique del pueblo, con algunos otros, salió a recibirme a seis u ocho teguas y a buen trecho se apearon de sus caballos y me pidieron la bendición. Otro día llegamos al pueblo donde estaban todos juntos a una pequeña iglesia, y salieron en procesión a encontrarme. Fuimos juntos a la iglesia, y habiendo pedido ardientemente a nuestro Señor diese feliz principio al bien de aquellas almas, los despedí…” “Han comenzado a venir muchos caciques de esta provincia y algunos de La Laguna, pidiéndome que pase a sus pueblos, proponiéndome la comodidad de la tierra, y que tiene ya saca de agua para el pueblo y sementeras, hecha iglesia y prevenida casa para mi habitación. A pocos días vinieron otros tres caciques del río de las Nazas pidiendo lo mismo, y representando que había entre ellos peste de viruelas, de que morían muchos niños sin el santo bautismo. Yo me detuve algún tanto a responder, y uno de ellos prosiguió diciendo: ‘Bien sabemos que no buscas oro ni plata, ni cosa alguna de nuestra tierra, sino sólo nuestro bien. Dios te ofrece lo que buscas: no repares en nuestra pobreza ni en el vil vestido que tenemos: bien sabes que el alma que está dentro vale más que el oro y la plata, y pues éstas buscas no las dejes ahora que parecen’”. El padre Juan Agustín de Espinoza, en esta carta refiere su llegada a las tierras de La Laguna, quien por lo anotado, al venir de Zacatecas, pasó por la zona de Jimulco, la Sierra de Ramírez, el Frontón de Ahuichila y el Pico de Teyra, que es al "Cerro Gordo" al que hace alusión en esta carta.

 • Mapa de los pueblos y lugares de Saltillo, Parras, Álamo, Hornos y Cuencamé, de la Intendencia de Durango (Nueva Vizcaya), por Melchor Núñez de Esquivel. 1787

 

 

                                                              EL CAPITÁN Y EL PADRE

 Según cartas firmadas, muy interesantes, aparecidas éstas en los archivos de los padres Franciscanos, reuniéndose en Cuencamé, el capitán Antón Martín Zapata y el padre Juan Agustín de Espinoza, quienes fuman y fechan juntos la siguiente carta: “En el pueblo de Cuencamé, en veintitrés días del mes de enero de 1598, ante el capitán Antón Martín Zapata, Justicia Mayor de las Parras, Laguna y Río de las Nasas y su jurisdicción y comarca, por el Rey nuestro señor, parecieron unos indios que dijeron ser principales de algunas rancherías y dijeron llamarse don Agustín, cacique de este dicho pueblo y otro Agustín Secazé, cacique de Manganapa y otro cacique de Salina, y otro don Antón Camanchicha del río de las Nazas, y dijeron que ellos se quieren venir a poblar este pueblo de Cuencamé y que piden al dicho Capitán y Justicia Mayor que pues lo es para este efecto, les señale tierras y parle donde hagan su asiento y población. El dicho capitán les mandó que hagan su asiento en este dicho pueblo desmontando cierto lugar que les tiene señalado y limpien tres ojos de agua que están como media legua de este dicho pueblo para que tengan agua bastante para su sustento y hagan un estanque que les señaló; que está presto de les favorecer y ayudar en todo lo que fuere menester, y señaló y nombró por capitán para la dicha saca de agua y lo demás conveniente a la dicha población a Martín Mitza: y mandó se asiente por auto, y lo firmó de su nombre. Testigos: el padre Juan Agustín de Espinoza. Antón Martín Zapata. Ante mí, Rodrigo de Paz, escribano”. (Nótese y obsérvese, que estos indios caciques laguneros recién bautizados con nombres cristianos, orgullosamente tomaron los simbólicos nombres “Agustín” -como el padre- y “Antón” -como el señor capitán). De ahí de Cuencamé, el padre Juan Agustín de Espinoza y el capitán Antón Martín Zapata, partieron con toda su caravana de conquista y catequización en ese invierno de 1598 rumbo a La Laguna, acompañados de algunos indios caciques con el fin de repoblar algún sitio que sirviera de cabecera a toda la región. Llegaron al pie de lo que se conocía como los montes Pirineos, a la hacienda del Rosario, perteneciente al capitán Urdiñola, donde fueron atendidos por Baltazar Rodríguez, quien era el mayordomo, y acordaron establecerse en un muy pintoresco paraje de buenas tierras fértiles y abundante agua, conocido como Santa María de las Parras, el que para repoblarlo, inclusive se levantó una acta de fundación, la que aparece con fecha 18 de febrero de 1598, con un texto que dice: En cumplimiento de lo a mi mandado por el Capitán Antón Martín Zapata, Justicia Mayor de Las Parras. Laguna y Río de las Nazas y su jurisdicción por el Rey nuestro señor y por virtud del nombramiento de escribano ante mi fue hecho, certifico y doy fe: que hoy día de la fecha vide al Capitán Antón Martín Zapata y al Padre Juan Agustín de Espinoza y otras muchas gentes tomar la posesión del pueblo de ¡os naturales y doy fe como dicho es que estaba el dicho Capitán de Justicia Mayor llegando con la cruz en el hombro y la puso de su mano y se dijeron tas letanías cantadas y vi que los dichos indios naturales se pasaron a dicho pueblo, y para que de ello conste y a pedimento de la Justicia Mayor en diez y ocho de febrero de 1598. Firmados: el P. Juan Agustín de Espinoza, Antón Martín Zapata. Baltazar Rodríguez. Francisco de Andrade.

                                                               LA LAGUNA DE ENTONCES

Establecidos en Parras como cabecera, tuvieron a sus pies todo el desierto de Paila y la Laguna del Mayrán con todas sus lagunas y lagunetas que ahí quedaban siempre después de las avenidas de los turbulentos ríos Nazas y Aguanaval. Estos dominios se repartieron en cinco pueblos principales, todos poblados por indios Irritilas que dulcemente abrazaban la santa religión, siendo Santa Ana de Los Hornos, enriquecidas sus tierras y parajes por numerosos manantiales y ojos de agua. San Pedro, a la orilla del no y de La Laguna, con gentes que ya tenían ahí muchos años establecidos, con gran cantidad de madera para edificar y tierras muy húmedas y buenas. Más allá del desierto, en el punto más lejano está Cuatro Ciénegas y acá para la sierra de Ramírez y el río Aguanaval, Jimulco y a las orillas del Nazas, San Ignacio y San Juan de Casta (hoy León Guzmán). Para abreviar y pasar de lleno al punto de los indios laguneros, citemos como un homenaje que le debemos al buen sacerdote Juan Agustín de Espinoza, citando unas letras o párrafo sobre su vida, escrita por el padre Pérez de Ribas (Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia de México). “No una ni dos, sino muchas veces se supo que, desnudándose la sotana y el agua hasta los pechos, pasó a lado las aguas de la laguna hacia las isletas para confesar a un indio necesitado”. El padre Juan Agustín de Espinoza, al que se le puede llamar Padre de los Indios Laguneros y al que un día no muy lejano se le reconocerá su magnífica labor en estas tierras, escribió a su superior: “Fuera del continuo ejercicio de la doctrina y catecismo, la tengo de bautizar, confesar, casar y pacificar no sólo a los indios, sino a extranjeros y españoles (los extranjeros son probablemente los tlaxcaltecas que trajeron los españoles a Saltillo y a Parras), y lo hago con mucho gusto y confusión mía de ver cuan a manos llenas me da el Señor en qué servirle, y cuan mal y poco me dispongo a ser instrumento digno de su Divina Majestad para salvar las almas. Guerra me hace el demonio, y algunas veces muy cruda. Pocos días ha me vi tan lleno de tristeza y sequedad, que taedebat animam meam vitae meae ¡O qué paciencia y confianza en Dios es menester para estos misterios! ¡Qué desamparos! ¡Qué hombres! ¡Qué aguas amargas y de mal olor! ¡Qué serenos y noches al aire! ¡Qué soles, qué mosquitos, qué espinas, qué gentes, qué contradicciones! Pero si todo fueran flores, mi padre, ¿qué nos quedaría para gozar en el cielo? ¡Hágase en mí la voluntad del Señor!”. El padre Juan Agustín de Espinoza al fin descansó de sus labores y voló al cielo el 29 de abril de 1602.

                                   • Fardo mortuorio

 

 

                                                             LAS TRIBUS LAGUNERAS

 El llamado Indio Lagunero o Irritila (como los llamó Orozco y Berra), viene siendo el que habitaba esta región de La Laguna, la que geográficamente no tiene un definitivo límite, sino convencional y así habitaban desde el Valle de Parras hasta Mapimí, por lo que a estos nuestros indios, globalmente se les conoce y se les nombra como Laguneros, aunque eran grupos grandes, aislados unos de otros, como sub-tribus o grupos familiares, unidas por un viejo patriarca o un cacique con poder. Los cronistas de aquella época dividen a estos grupos según la parte en que vivían aquí en La Laguna, la que dividen en tres regiones: la del Valle de Parras, la de La Laguna de San Pedro y la de la Sierra. Antes de seguir adelante, veamos cuáles eran las tribus que tenían los Laguneros a su alrededor como vecinos: Por el lado de Mazapil Zacatecas y Saltillo, estaban los llamados Cuachichiles. Por el lado de Saltillo hasta Monclova, los Coahuiltecos. Por el lado norte de Coahuila y casi a los límites de la hoy conocida como Zona del Silencio, estaban los fieros Tobosos. Al norte de Mapimí (Santa María del Oro y Parral), los Conchos. En la parte alta del Río Nazas (Sierra de Durango), los aguerridos Tepehuanes. Y los comprendidos desde la parte sur de Cuencamé y sus límites, eran los Zacatecos, quienes también comprendían a la región del Cañón de Jimulco. Volvamos a nuestros Laguneros y veamos que los que habitaban la región del Valle de Parras, esos grupos se llamaban los Miopacoas, Meviras, Hoeras y Maiconeras, además de los Payos. Los grupos que habitaban alrededor de La Laguna de San Pedro y las orillas del Nazas, eran los Paogas, Caviseras, Vasapalles, Ahomamas, Yanabopos y Daparabopos, además los Salineros y Neguales. Para la región de la sierra se citan a los Ochoes y Alamamas. Todos estos grupos, que en sí se conocen como Laguneros, realmente no se dedicaban a la agricultura, ya que ahí tenían los alimentos en abundancia y no tenían necesidad de sembrar. Los del Valle y la Sierra se alimentaban de la abundante caza que ahí había, así como la recolección de frutos y raíces silvestres; los de la Laguna de San Pedro y orillas del río, aprovechaban, además de la caza y la recolección, la abundante pesca y la caza de patos y garzas que había en muy grandes cantidades. El medio agreste del desierto lagunero, en temporadas de secas, hacía que se agudizara el ingenio y así del simple mezquite se alimentaban, del insignificante fruto que aparece en las vainas, dulzón y seco, moliéndolo en unos morteros, obteniendo un jugo agridulce, el que primeramente cocían y luego lo dejaban acedar y fermentar, para obtener un vino muy especial y una masa, la que dejaban resecar, pulverizándola posteriormente, quedando convertida en una harina especial con la que elaboraban pan (pan y vino del mezquite). Abundantes liebres, conejos, tuzas y ratones, venados, con los que se alimentaban, al igual que con las serpientes, peces, palomas, codornices, garzas y faisanes, ánsares, ocas y patos que tranquilamente vivían en las tranquilas aguas de las lagunas. Para cerrar nuestro sencillo trabajo, transcribo lo que dice el padre Arista y el Padre Pérez de Ribas: "Hay caza en abundancia de patos de varias especies, la que es copiosa, ya que los cazan en pleno vuelo con singular destreza con las hondas, las que desde niños manejan con mucha propiedad. Tiene también mucha caza de venados, conejos y liebres, las que en una salida cogen hasta doscientas sin más arma que el arco y la flecha en la que también se ejercitan desde niños”. “Que para coger patos que en gran cantidad andaban en las aguas, se valían de un muy ingenioso engaño, que pone de manifiesto la agudeza de! hombre en general. Echaban en las aguas, donde se reunían las aves, algunos calabazos grandes y huecos (guajes), al grado que con ellos se familiarizan y les pierden el miedo, tomándoles gran confianza. Ya cuando los indios veían esto, aprovechaban la oscuridad de un amanecer y tomaban un calabazo, al que le hacían una abertura por donde metían la cabeza y le hacían varios agujerillos para por ahí mirar y de esta manera se metían al agua nadando hasta donde estaban los demás calabazos flotando entre los patos, acercándose a ellos y tomándolos de a uno en uno de las patas, los sumergían sin que hicieran ningún ruido y sin que las demás aves se espantaran, matándolas bajo el agua y anudándolas una a una formaban una buena dotación de aves, las que cocinaban y comían muy sabrosas".

 

                                                                

 

 

                                                                                • La Cueva funeraria de Buen Abrigo, Coah.

 

 • El Carrizo.- Sierra del Sarnoso, Dgo.

 

 

• Arte Rupestre. Cueva de La India. Mapimí, Dgo., Registro de un episodio de caza siete venados.

 

 

 

 

 

• Hasta de venado, ceremoniales.- Según los cronistas españoles, los antiguos laguneros, cortaban esquirlas de las astas del venado para arrojarlas al fuego en ritos propiciatorios para la caza de estos animales. Estos ejemplares muestran claramente esta característica.

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3 respuestas a Los indios Laguneros

  1. Ing. Jorge Alejandro dijo:

    TU PAGINA ESTA SUPER PERRONSOTA

  2. Unknown dijo:

    olaaaaaa!! ajajajajj sta chido tu espacio pero ya no le pngas tantas letras ke marea ajajaja ponle mejor fotos o lo ke sea atte::: VAneSsA

  3. M.DEL PILAR HIDROGO SUAREZ dijo:

    HOLA MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LA CLASE, ES LO QUE BUSCABA PUES SOY LAGUNERA HIJA DE LAGUNEROS VIVO EN MONTERREY.N.L.DESDE QUE ERA NIÑA. Y NO HE REGRESADO NI NADIE DE MIS HERMANOS A VER NUESTRA TIERRA Y FAMILIARES.HE INICIADO LA BÚSQUEDA DE MIS ORÍGENES EN LA RUTA DE LOS CHICHIMECAS Y POR SUPUESTO MI IDENTIFICACIÓN CON MI TRIBU. TE REITERO MI AGRADECIMIENTO. TU AMIGA TEZCA XOCHITL, LA DE LOS PIES DESCALZOS.

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